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Revista Conozca Mas. Febrero 1996
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LA SONDA GALILEO LLEGA A JUPITER

Los científicos de la NASA tuvieron un fin de año con sabor a triunfo: después
de más de una década de dificultades y frustraciones, la misión Galileo comenzó a mandar datos sobre Júpiter, el gigante de nuestro sistema solar. El siete de diciembre de 1995, después de seis años y cuarenta y ocho días de viaje, la sonda Galileo entro en órbita a 200.000 kilómetros sobre la gaseosa superficie de Júpiter, y lanzó un pequeño robot suicida hacia el planeta. El robot entró a la enrarecida atmósfera joviana a 50 kilómetros por segundo, y pocos minutos después abrió un paracaídas de freno. Por algo más de una hora, el pequeño kamikaze transmitió a su nave madre información invaluable sobre la atmósfera, gases, temperaturas y presiones de Júpiter. Luego, la tremenda presión del tormentoso planeta desintegró al pequeño robot. Al dejar de recibir las señales de su enviado, Galileo prendió sus cohetes y por 50 minutos alteró su trayectoria, colocándose en una órbita abierta y excéntrica sobre Júpiter, al que observará mientras sus instrumentos tengan energía. Con la señal de "todo en orden", Galileo disparó un festejo general entre los astrofísicos y los técnicos
espaciales. No era para menos.
La idea de enviar una sonda a Júpiter nació a mediados de los años setenta, hace ya dos décadas, luego de que las sondas Pioneer 10 y 11 pasaron cerca del mayor planeta de nuestro sistema solar, y luego del triunfo del ambicioso proyecto Voyager, la sonda enviada al espacio exterior. Como descubrió Galileo Galilei hace 385 años, Júpiter es como un mini-sistema solar, un planeta masivo rodeado de lunas grandes como planetas, la formación más compleja e interesante que conozcamos. Los científicos propusieron en 1976 una misión con una nave madre que enviara un robot suicida a explorar la atmósfera y que luego se colocara en una órbita que le permitiera rodear Júpiter seis veces en un año. La misión se planeó para 1982 como el primer lanzamiento de una nave desde un taxi espacial. Pero el shuttle tuvo problemas técnicos y se consideró que el cohete de tres etapas que impulsaría a Galileo era muy grande y peligroso para subirlo en un taxi espacial. El proyecto se pospuso.
Tras ver varias opciones. la NASA decidió lanzar Galileo con un cohete de hidrógeno líquido en 1986. En enero de ese año, el cohete y la sonda fueron enviados a Cabo Cañaveral para ser lanzados en mayo. Pocos días después, la explosión del Challenger, que mató a sus siete tripulantes, paralizó a la NASA. El proyecto Galileo, para entonces un ejemplo de mala suerte, volvió a ser archivado.
El 18 de octubre de 1989, tras siete años de demoras, Galileo partió. Puesta en órbita por el taxi espacial Atlantis, la sonda conectó su motor de combustible sólido de dos etapas y partió hacia Venus, en dirección contraria de Júpiter. Esto no fue un error sino un truco de los ingenieros, que no lograron meter en un taxi espacial un cohete lo suficientemente grande como para que Galileo llegara a destino. Con un motor más chico, se les ocurrió que la sonda tomara impulso yendo hacia Venus, volviendo a la Tierra, rodeándola, volviendo a Venus y finalmente pasando por la Tierra, ya con el envión suficiente, rumbo a Júpiter. Era una pérdida de tiempo, pero a la vez el desvío iba a permitir observar a varios planetas y cruzar dos veces el cinturón de asteroides.
Por un lado, la sonda estudió grandes campos de espacio interplanetario, midiendo él magnetismo presente, los campos magnéticos planetarios y la intensidad del viento solar. Por otro lado, los instrumentos de medición de radiación ultravioleta extrema permitieron comprobar que el sol emite radiaciones en forma variable de acuerdo con la latitud de la que es emitida. Esto permitió actualizar los mapas solares.
Venus también mereció las atenciones de nuestro enviado, y los científicos pudieron ver por primera vez por debajo de las nubes de nuestro vecino. Pero el descubrimiento más curioso de Galileo ocurrió en el cinturón de asteroides, donde la sonda tuvo un encuentro muy cercano con la formación Ida.

Esta es una roca de forma irregular y 56 kilómetros de largo, que da una vuelta sobre sí misma cada 4,65 horas. Con este período tan corto, Galileo -la primera nave en llegar tan cerca de un asteroide- pudo ver todos los lados de Ida sin problema. Lo que descubrió fue una superficie acribillada de cráteres, lo que muestra que Ida es una asteroide muy viejo, de más de 1.000 millones de años.
Cuando Galileo se alejó definitivamente de Venus, ganó distancia del Sol, y los científicos trataron de abrir la antena principal, pero no pudieron. Los motores de apertura funcionaron diez segundos y se trabaron: la gran antena quedó a medio abrir, torcida como un paraguas roto, y los años de esfuerzos desde entonces de los técnicos no lograron arreglar el problema. Lo que se dedujo fue que la antena habia perdido lubricante en su transporte de California a Florida. antes del lanzamiento. En lugar de un transmisor muy rapido. de 134.000 bits por segundo, el control de Tierra podia disponer de la antena secundaria, de apenas 40 bits por segundo.

La primera emergencia a atender era que Galileo estaba acercandose rápidamente al cinturon de asteroides. y sin la antena para enviar imágenes precisas, era posible que se perdiera la informacion del primer encuentro entre una nave y un asteroide. Tras febriles reuniones tecnicas. los ingenieros de la NASA decidieron que Galileo tomara cinco fotos -en lugar de las veinte planeadas- y que las fotos fueran de larga exposición. En lugar de parecer puntos de luz, las estrellas parecían líneas blancas, como cometas, pero las tomas de Gaspra. el primer asteroide que pudimos ver a corta distancia. resultaron de gran claridad. Las fotos y mediciones fueron guardadas en el poderoso grabador de a bordo y se enviaron a la base cuando Galileo pasó por última vez cerca de la Tierra, a fines de 1992, usando la antena de baja potencia.
En julio de 1994. Galileo fotografió un evento cataclísmico. el choque del cometa Shoemaker-Levy 9 con Júpiter. La sonda fue reprogramada con meses de anticipación para tomar una secuencia de fotos cada 2.33 segundos, y el problema de la transmisión de datos fue superado seleccionando otra vez el material a emitir.
Galileo fotografio todo el evento desde horas antes de que ocurriera -no se podia calcular el instante exacto del impacto- y lo registro en su poderoso grabador. Los astrónomos avisaron a la NASA el instante exacto en que pudieron observar el choque estelar. y los ingenieros supieron qué tomas pedirle a su sonda.
Lo que recibieron fue espectacular: tomas en luz visible e infrarroja del titánico choque. y una secuencia en luz verde donde se ve claramente como Júpiter se deforma levemente por el impacto. seguido por una serie de fotos donde se ve un estallido luminoso en el lado oscuro.
Luego de este magnifico show, Galileo pasó su último ano de viaje ocupado en tareas menos espectaculares pero importantes. Por ejemplo. encontrarse con la más poderosa tormenta de polvo espacial jamás registrada. Los detectores de materia de la sonda son capaces de encontrar partículas menores que las que forman el humo de un cigarrillo, y al acercarse a Júpiter identificaron chorros de polvo que emitía el gigantesco planeta. En agosto pasado, cuando todavía estaba a 62.000.000 de kilómetros de Júpiter. Galileo detectaba 20.000 partículas de polvo por segundo. que viajaban a una velocidad de hasta 200 kilómetros por segundo. Por suerte, las diminutas partículas eran demasiado pequenas como para dañar la sonda.

Pese a que se salvo de la tormenta espacial, Galileo mostró otro episodio de
mala suerte: se rompió su indispensable grabador. Nuevamente, los técnicos maldijeron y se pusieron a trabajar horas extras para resolver el problema. Resolvieron usar el disco rígido de la computadora de a bordo como grabador. y le transmitieron un programa nuevo de compresión de datos, que le permite a Galileo enviar diez veces mas información en el mismo tiempo de transmisión. Para solucionar el problema de la baja potencia de la única antena en funcionamiento a bordo de la sonda. la NASA logró que la Red del Espacio Profundo -tres radiotelescopios de alta sensibilidad, ubicados en California, Madrid y Australia- fueran apuntados simultáneamente hacia Júpiter para recibir los paquetes de datos más importantes.
Despues de enviar su robot suicida en una breve pero importante misión, Galileo fotografía y estudia Jupiter y sus cuatro lunas mayores con un nivel de alta definición comparable a los que tienen los satélites militares que orbitan la Tierra. Varios de los estudios planificados no serán posibles sin antena de alta potencia ni grabador digital. pero por lo menos la mitad de los objetivos pueden ser cumplidos. Y eso ya es un tesoro de conocimientos.