Revista Conocer y Saber. Mayo 1990, por Juan Carlos Porras
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Esta seguro de que no lo espian?
El juicio fue escandaloso. Durante varias semanas, miles de norteamericanos -en especial los matrimonio~ siguieron con atención cada una de las declaraciones. Se imaginaron pasando por situaciones semejantes. En el estrado de un tribunal de Nueva York, una espigada mujer contaba con lujo de detalles cómo había descubierto la infidelidad de su marido, un próspero industrial de intachable reputación: "Lo primero que hice fue contratar un detective que, inmediatamente, me recomendó que instalara un micrófono infinito en el teléfono de nuestra casa y también en la residencia de verano que tenemos en Long Island. Fue alli, justamente, donde pude confirmar mis sospechas. Cuando yo me quedaba en Nueva York y él se iba a descansar a la playa, sólo me bastaba levantar mi aparato teléfónico para saber qué estaba pasando en aquel lugar Escuchaba todo lo que allí pasaba, hasta el ruido de las olas y, por supuesto, las voces de mi mando y de su amante". No hizo falta que aportara otras pruebas excepto la cassette donde estaban grabadas las indiscretas conversaciones para que el juez le concediera el divorcio a la mujer, y obligara al esposo a indeminizarla por "daños morales".
El caso -uno más, entre miles parecidos, por desavenencias conyugales adquirió una explosiva dimensión: es que por primera vez se usaba el "espionaje casero". El hecho ocurrió en los primeros años de la década del setenta y sirvió para que naciera una industria que, rápidamente, tomó auge y ofreció a miles de clientes una gama insospechada, hasta entonces, de aparatos para espiar a sus vecinos, a sus compañeros de trabajo o sus jefes, a sus esposos: en definitiva, a quien tuvieran ganas. En realidad, muchos de estos adminículos existían aunque menos sofisticado~ desde la época misma en que los sistemas visuales y electrónicos entraron en el mundo de lo cotidiano. Prueba de esto es una cámara fotográfica que marcó el principio del espionaje civil: la misma fue diseñada en 1887 pór la empresa neoyorquina Tisdell and Wittekey y, por su tamaño, podía ser fácilmente introducida por el obrero de una fábrica en su bolsa de comida para, una vez dentro de la planta, tomar fotos reveladoras para los competidores industriales. Así nacía el espionaje industrial. Pocos años más tarde en la década del 90, aparecía en los periódicos norteamericanos el anuncio de una cámara para detectives que tomaba fotos en una dirección distinta a la que apuñtaba el objetivo, permitiendo así conseguir imágenes de una persona sin que ésta se diera cuenta.
Desde entonces, la imaginación no tuvo límites y muchas veces ha superado a los escritores que dedicaron su talento a imaginar intrigas entre las
grandes potencias. Muestra del avance tecnológico puesto a disposición del espionaje casero fue la reciente exposición que se llevó a cabo en Nueva York, donde se exhibió lo ultimo en la materia. En uno de los stands. una compañía de la ciudad de Tennessee, la Research Electronics, mostró un dispositivo plástico. del tamaño y la forma de un disco de hockey, con un cono de succión sobre uno de los lados. El único propósito del producto es el de proteger la privacidad de las personas, provocando un inaudible sonido que sacude. aunque esto no se vea, las ventanas. Es que mediante el uso de rayos láseres, algunos espías pueden recoger las vibradones de una voz a partir del vidrio de una ventana. El sistema, aunque parezca complicado. es bien simple: el rayo se proyecta sobre el cristal, toma las vibraciones, las transporta hasta un decodificador de sonidos y los traduce; es decir que es capaz de reconstruir el tenor de una conversación siempre y cuando no medie un aparato que se utilice como "antídoto". Los expertos calculan que hoy el 2 por ciento del espionaje se hace a través del rayo láser.
Este tipo de sistemas -como el del micrófono láser son denominados pasivos, porque no necesitan cables ni teléfonos ni pilas o transmisores. Resultado: son casi imposibles de detectar Una extraña y original variante de este método es el micrófono del inodoro, ideado por el ya fallecido Bernard Spindel, un espía genial que reinó en las décadas del 50 y del 60. Usando el sistema de Spindel, una persona en el techo de un edificio puede colocar un micrófono dentro del conducto de ventilación del baño del sujeto éspiado. Conto la superficie del agua del inodoro vibra como un diafragma en respuesta a voces cercanas, y como el agua es un excelente conductor de sonido, las voces serían llevadas por la cañería hasta el micrófono. El método es infalible.
Para los que no se conforman con la recepción de sonidos existen sorprendentes aparatos como, por ejemplo, la cámara de video más pequeña que jamás se haya visto: mide unos 4 centímetros cuadrados y apenas 2,5 de espeson es decir el tamaño de una caja de fósforos. Este diminuto aparato, de apariencia inofensiva, viene acompañado de un dispositivo que impresióna: simula ser la antena de un auto que, en su extremo superior tiene un pequeño agujero en el que se ubica una casi invisible lente de ángulo amplio. Por el interior de la antena pasa un cable de fibra óptica conectado a una gran caja que contiene una cámara y transmisor de video. Este sistema sirve para trabajar en la calle, ya que se puede seguir los pasos del "espiado" a través de la pantalla de un televisor que simultáneamente, graba cada escena para luego ser analizada como corresponde.
La sofisticación de los equipos, sin embargo, no ha logrado desplazar a los métodos más convencionales, los mismos que han pasado a la historia por casos tan sonados como el de Watergate, en los Estados Unidos, que obligó a renunciar al presidente Richard Nixon. Se trata de los micrófonos ocultos y la intervención a las líneas telefónicas. Para conseguir esto último existen diversos métodos: uno es instalar un pequeño micrófono dentro del auricular, que también se puede colocar en el circuito impreso del aparato, o conectar un transmisor a la línea en alguna subcentral de la propia compañía telefónica. En ocasiones, el micrófono o transistor se esconden en una pequeña caja, en cuya puerta se escribe "Alto Voltaje", como una manera de protegerse de los registros. Sin embargo, existen maneras para defenderse de este tipo de escuchas: las mismas casas que venden los micrófonos para "escuchar" comercializan artículos que permiten detectar las intervenciones. El más sencillo de estos aparatos es portátil, tiene el tamaño de una radio de bolsillo, y verifica la seguridad de cualquier teléfono. Otro es un maletín con teléfono incorporado, que presenta un sistema llamado scramble, para hacer la conversación ininteligible para cualquiera que no sea el receptor de la llamada. Muchos podrán pensar que, ante la duda, mejor hablar en un espacio abierto, persona a persona. y lo más lejos posible de la presencia de desconocidos. Sin embargo. los expertos han contemplado esta posibilidad y crearon para estas situaciones aparatos de escucha a distancia: son los micrófonos direccionales, muy fáciles de conseguir, ya que se utilizan mucho en las transmisiones televisivas. Estos actúan como un telescopio, pero en vez de acercar la imagen acercan el sonido. Consiste en un micrófono en forma de tubo alargado que se enfoca hacia la fuente de sonido que se desea recoger. Este puede encontrarse, en el caso de los más sofisticados y precisos, hasta a más de 1 kilómetro de distancia.
Todo este arsenal al que hoy tiene acceso cualquier aficionado Iue pensado, en su momento, para el espionaje a gran escala, el que usaron durante la Guerra Fría las grandes potencias a través de sus agentes secretos. Pero buena parte de estos elementos son historia para los especialistas.
por eso que una de las paredes de las oficinas de la Information Security Associates, de Nueva York está empapelada de fotografías con los más imaginativos recursos del espionaje internacional: por ejemplo, el primer transmisor que se colocó en el taco del zapato de una persona espiada; un pequeño micrófono escondido en la tela de un cortinado, y, el más notable de todos, un dispositivo de escucha encontrado en la embajada estadounidense en Moscú, en 1952. ¿Su escondite? Un agujero hecho en el gran escudo de los Estados Unidos que colgaba en el estudio del embajador. El sello, tallado en madera, obsequio de los soviéticos siete años atrás, tenía escondido en su interior un pequeño cilindro llamado cavidad resonante Hi-Q. El cilindro contenía un diafragma en un extremo y una antena en el otro. Las voces en la habitación ha cían que, primero el diafragma y después la antena, vibraran. Los técnicos estadounidenses llegaron a la conclusión, entonces, que del otro lado de la calle un agente del sóviet, cómodamente sentado en un sofá, tomando un trago de vodka y apuntando un haz de microondas de alta potencia al escudo para medir las vibraciones, reconstruía las conversaciones secretas de los diplomáticos norteamericanos.
Hoy, estas increíbles, fascinantes histórias pueden estar ocurriendo en su casa. ¿O usted está seguro de que no lo espían?