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Revista Muy Interesante. por . Julio 1986
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El Rolls Royce


Desde que Rolls Royce presentó su primer vehículo en el Salón del Automóvil de Londres en 1906, esta firma ha sido nombre mágico en la industria de las cuatro ruedas. Un mito hecho a golpe de fortuna, damas aladas y lujo, cuya leyenda sigue viva ochenta años después.
Los más famosos personajes de las últimas décadas no han podido sustraerse a la tentación de poseer un Rolls: artistas, como en nuestro país el actor Luis Sandriní, deportistas, magnates, toreros y, sobre todo, reyes y jefes de Estado, sin importar el color de su política, han admirado la fastuosidad que siempre ha rodeado la mítica marca inglesa, y hay quien ha llegado a decir que debería tener una R más, debido a la cantidad de reyes que tienen un Rolls-Royce.
La idea de construir un coche que, a la vez, fuera tan perfecto como insólitamente lujoso, sería el resultado del encuentro entre Henry Royce, el ingeniero perfeccionista, hijo de un molinero de Manchester, que había empezado a fabricar el mejor automóvil que circuló por las carreteras británicas de comienzos de siglo, y el honorable Charles Rolls, aristocrático piloto de carreras y vendedor de automóviles, hijo de lord Llangatock, que estaba buscando un buen coche, hecho en Gran Bretaña, para venderlo en sus elegantes tiendas de Londres.
Estos dos hombres, con orígenes tan diferentes y con nombres y talentos tan complementarios, se reunieron pór primera vez el 4 de mayo de 1904 en un hotel de Manchester. De este modo nació el «Silver Ghost» -Espíritu plateado-, un auto que dio origen a una legendaria serie de vehículos con la misma denominación que duró hasta 1925. Para comenzar la no menos larga de los Phantom y que, desgraciadamente, sólo estaba al alcance de las minorías privilegiadas. Pero el caso es que ahí precisamente radicó su leyenda. Charles Rolls perdió la vida mientras realizaba una demostración aérea, seis años después de su encuentro con Royce en Manchester. Ya en 1910 él, más que ningún otro, habla instituido la imagen deportiva y aristocrática de Rolls-Royce. Henry Royce vivió hasta 1933 para fabricar no sólo una serie de coches, sino también más de una leyenda.
Esta compañía acaba de celebrar la fabricación de su coche número 100.000 a lo largo de toda su existencia, incluyendo en esta cifra los modelos Bentley, cuya propiedad fue adquirida por Rolls-Royceen 1931. Una cantidad sorprendente-mente reducida si se compara con las millonarias producciones a las que nos tie-nen acostumbrados los grandes fabricantes de automóviles. El proceso de fabrica-ción es, en este caso, un trabajo de artesanía que requiere manos altamente especializadas; una artesanía pagada a precio de oro teniendo en cuenta la calidad de todos y cada uno de sus componentes. La madera utilizada por estos virtuosos artesanos es de nogal y, una vez al año, expertos en la materia se desplazan a los bosques de California, en Estados Unidos, para elegir y comprar los árboles más adecuados para su posterior manipulación y utilización.
Los trabajadores de esta empresa tienen a gala la perfección de su trabajo y todo está cuidadosamente pensado, diseñado, fabricado y montado. La tapicería no podía permanecer ajena a este complejo montaje. El cuero sobre el cual se sientan los afortunados humanos que los poseen procede del remoto norte de Escandinavia, donde la relativa ausencia de plagas de insectos y alambres espinosos contribuyen, en gran manera, a conseguir la calidad idónea. Se necesi-tan de diez a doce vacas para suministrar la escogida piel de los asientos, casi butacas, de estos coches. Solamente una piel entre quinientas se considera lo suficientemente buena para ser elegida.
Otra de las peculiaridades tradicionales de esta compañía es que prefieren guardar los detalles exactos de lo que hay bajo el capó de un Rolls para ellos mismos. Cualquiera que pregunte la potencia de su motor recibirá de modo invariable esta educada, pero siempre evasiva, respuesta:"La suficiente, señor"
Los signos externos más característicos de este automóvil son el radiador y la mujer alada sobre el mismo que es el símbolo de la marca. En los primeros coches, el radiador estaba coronado por un tapón redondo en el que figuraban las dos erres, pero en 1911, Royce acudió a Charles Sykes, famoso escultor de la época y ie pidió que creara una figura para rematar el radiador. Sykes creó la célebre mujer alada que para ir a tono con la leyenda del Rolls representa el espíritu del éxtasis. Parece ser que, después de realizar un viaje al sur de Inglaterra en un Rolls, el escultor Sykes quedó tan impresionado que pensó que solamente una diosa debería posarse sobre la moldura griega de este coche.
El método que se utiliza para la obtención de esta estatuilla fue descubierto por los chinos hace ya 4.000 años. Este proceso recibe el nombre de «la cera perdida» y consiste en rodear el modelo de la figura en cera con un material refractario, para, acto seguido, calentar todo el conjunto. De este modo, poco a poco la cera se va derritiendo y deja un espacio vacío en el cual se vierte el metal fundido. Al romper la caja refractaria, una vez fría, aparece una perfecta reproducción del modelo en cera que se pule a mano con polvo de huesos de cereza.
La estatuilla y el radiador dieron a los primeros coches Rolls y a sus sucesores una imagen de distinción que no ha sido superada y ambas partes se complementan de un modo tan perfecto que un radiador del Rolls sin su espíritu del éxtasis parece desnudo. Cada radiador está hecho totalmente a mano y a ojo, sin ayuda de ningún tipo de instrumentos de medición. Estos manitas pueden tardar un día entero en soldar las invisibles junturas que existen entre las once piezas de acero inoxidable, formadas también a mano, que componen su estructura principal. Están firmado, en su parte trasera, con las iniciales del artesano que lo ha hecho y la razón de esta firma es esencialmente práctica ya que, de este modo, si el radiador queda deteriorado en un accidente, siempre podrá encargarse su reparación a quien mejor lo conoce: el hombre que lo hizo. De los doce especialistas que se dedican a esta tarea, no hay dos que los hagan exactamente iguales, por lo tanto cada uno de ellos puede reconocer su propio trabajo al ver los coches en la carretera. Hay que resaltar, también, que las líneas del radiador están ligeramente arqueadas para lograr una apariencia rectilínea. Este mismo principio fue utilizado por Kalikrates para construir el Partenón. El pueblo británico se siente orgulloso de sus Rolls-Royce, que componen el núcleo más destacado de su formidable contribución al desarrollo de la industria del vehículo a motor. Los modelos de hoy, los que uno se encuentra por las calles de Londres no difieren en mucho de sus antecesores ya que no se ha querido renunciar a ningún detalle que pueda disminuir el confort y la calidad. De ahí también que seis de cada diez coches construidos a lo largo de sus ochenta años de existencia, sigan rodando en la actualidad por las carreteras de todo el mundo.
Y hasta en la pieza más pequeña de cada uno de ellos hay una parte de la trayectoria de una marca legendaria, creada hace ochenta años por dos hombres que se impusieron el objetivo de fabricar el coche más exclusivo de la historia del automóvil.